El aborto en España: lo que necesitas saber

El aborto ha entrado de lleno en la actualidad diaria de los españoles a raíz de la reforma de la nueva ley de la interrupción voluntaria del embarazo que prepara el Gobierno. Y tenemos que prepararnos para ello. Ya que, como aseguran diferentes jefes de servicio de Ginecología y expertos en el sector, actualmente los centros públicos no están preparados para asumir las más de 74.000 interrupciones voluntarias del embarazo que se realizan cada año en clínicas privadas (generalmente concertadas).  

Según datos aportados por el Ministerio de Sanidad, en España han abortado 100.000 mujeres de media al año desde que entró en vigor la actual ley de plazos de 2010, que permite la interrupción libre del embarazo hasta la semana 14 de gestación, aunque en los últimos años la cifra se ha mantenido por debajo de ese umbral. La tasa media de los últimos diez años ha sido de 11 abortos por cada 1.000 mujeres de 15 a 44 años. En 2020, último año con cifras, abortaron 88.000 mujeres con una tasa de 10,33 interrupciones. 

Tal y como informan en la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), existen dos tipos de métodos para abortar: los instrumentales y los farmacológicos. Las técnicas instrumentales, dilatación y aspiración, utilizan las aperturas naturales del cuerpo para vaciar el contenido uterino, por tanto no son métodos quirúrgicos. En cambio, se denominan técnicas farmacológicas cuando se utilizan fármacos para conseguir una evacuación uterina completa, sin ninguna técnica instrumental complementaria. 

No obstante, es necesario recordar que la decisión de abortar es compleja para cualquier mujer y que, por tanto, exige que te informen exhaustivamente sobre las alternativas que tienes y los aspectos tanto físicos como psicológicos que comporta la interrupción de una gestación. Asimismo, es importante insistir en que nadie debe automedicarse con sustancias o inyectables ni utilizar medios caseros como introducir sustancias químicas, jabón, hierbas u objetos punzantes en la vagina o el útero. Básicamente, no se debe someter al cuerpo a manipulaciones innecesarias ni confiar en personal no preparado y sin las condiciones higiénicas y médico-sanitarias imprescindibles. 

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