La higiene menstrual, un derecho ¿universal?

Según datos de UNICEF, cada mes, alrededor de 1.800 millones de personas en el mundo menstrúan. Millones de estas niñas, mujeres, hombres transgénero y personas no binarias no pueden manejar su ciclo menstrual de manera digna y saludable. Además, la desigualdad de género, los tabúes culturales y la pobreza son algunos de los factores que influyen en que no se satisfagan las necesidades de salud menstrual.
En este sentido, cabe destacar que el Día Internacional de la Higiene Menstrual se celebra cada 28 de mayo, desde 2013. Fue impulsado por la ONG alemana Wash United con el objetivo de educar y concienciar a niñas y mujeres –y a la sociedad en general– de la importancia de seguir unos hábitos saludables durante la menstruación. El motivo de celebrarse este día es que, de media, los ciclos menstruales duran cinco días y mayo es precisamente el quinto mes del año. Además, el periodo suele producirse cada cuatro semanas, 28 días.
Para la organización, “en 2022, ya no es aceptable que una función corporal natural impida que las mujeres y las niñas obtengan una educación, obtengan ingresos y participen de manera plena e igualitaria en la vida cotidiana”. Por ello, trabajan diariamente para tratar de romper los tabúes y acabar con el estigma que rodea a la menstruación, concienciar sobre los desafíos relacionados con el acceso a productos menstruales, la educación sobre la menstruación y las instalaciones de saneamiento adecuadas para el período y movilizar los fondos necesarios para que esta y otras acciones lleguen a todo el mundo. A fin de cuentas, la meta es que en 2030 ninguna persona se aísle, detenga o se sienta desamparada por menstruar.
Siguiendo esta línea, para que todas las mujeres y niñas disfruten de sus derechos, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) hace hincapié en la importancia de salvaguardar los derechos humanos y el acceso a agua y saneamiento, remarcando cinco aspectos: Disponibilidad, Accesibilidad, Asequibilidad, Seguridad y Privacidad, y Dignidad.
Sin ir más lejos, la asequibilidad es una de las principales barreras, sobre todo para mujeres con pocos recursos, como indica el Banco Mundial. En Kenia, por ejemplo, el 65% de las mujeres no pueden permitirse productos menstruales e incluso en Estados Unidos, una encuesta realizada entre mujeres de bajos ingresos mostró que casi dos tercios no pudieron comprar productos de higiene menstrual, como tampones o toallas sanitarias, durante el año anterior.
Como aseguran desde el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), “menstruar sin que a una persona se le eche de la casa ni deba dejar de realizar actividades, sin sentir miedo o vergüenza y sin ser tratada como inferior o expuesta a más vulnerabilidades no debería verse como algo controvertido. Vivir con dignidad es un derecho humano que debe preservarse”.

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